EL CALZADO #1: El zapato como nexo entre el hombre, y el arte
Según el diccionario vigente de la Real Academia, la palabra ‘calzado’ resulta ser demasiadas cosas..
calzado, da.
(Del part. de calzar).
1. adj. Se dice de los religiosos que usan zapatos, en contraposición a los descalzos.
2. adj. Dicho de un ave: Cuyos tarsos están cubiertos de plumas hasta el nacimiento de los dedos.
3. adj. Dicho de un cuadrúpedo: Cuyas patas tienen en su parte inferior color distinto del resto de la extremidad.
4. adj. Heráld. Dicho de un escudo: Dividido por dos líneas que parten de los ángulos superiores del jefe y se encuentran en la punta, en contraposición a cortinado.
5. m. Todo género de zapato, borceguí, abarca, alpargata, almadreña, etc., que sirve para cubrir y resguardar el pie.
6. m. Todo cuanto se usa para cubrir y adornar el pie y la pierna, incluidas medias y ligas.
7. m. pl. p. us. Medias y ligas que se pone una persona cuando se viste.
Resulta algo confuso y poco claro.. Aun así, tomaremos como caso de estudio a partir de ahora la definición que se refiere a la palabra como un objeto de calzar, que el ser humano utiliza para recubrir el pie y poder desplazarse sin cualquier tipo de impedimento de un lugar al otro. Ahora bien, el calzado resulta ser algo más que esta simple y concreta definición de diccionario. Como veremos, ha pasado de tomar la postura de un simple complemento de vestir puramente funcional, a ser considerado una obra de arte, de fetichismo, admiración y deseo.
Únicos de concepción y ejecución, los zapatos que levantan el vuelo de la fantasía del diseñador se transforman en sueños hechos realidad en los pies, convirtiendo al zapato en una obra de arte. No es casualidad que Savatore Ferragamo, quien dedicó toda su vida a idear el zapato perfecto, hablara de sí mismo como de un “zapatero de sueños”. “No existen límites para la belleza, no hay punto de saturación en el mundo del diseño”, meditaba en su autobiografía, “no hay un horizonte para los materiales que el zapatero pueda usar para decorar sus creaciones”.
Realizados en cualquier material imaginable, los zapatos únicos se extienden desde los dominios de la excentricidad y la extravagancia hasta el reino del ingenio y lo iconoclasta, haciendo uso de un sinfín de elementos desde perlas y tejidos medievales, hasta césped artificial y sellos de correos, pasando por plumas y escamas de pescado.
Algunos modelos son prodigios de la osadía técnica, un reto de gravedad para dar solución al mayor desafío de un zapatero: un zapato sin formas de soporte visibles, el “tacón sin tacón” o, en el caso de Beth Levine, la zapatilla “topless”.
Quizás los zapatos únicos de mayor renombre sean los diseñados específicamente para el mundo del celuloide. Dichos modelos están concebidos por la necesidad de expresar una personalidad o un carácter, o de crear un personaje de la nada. Seguramente, el par de zapatos más famoso del cine, y tal vez el más famoso del mundo, sean los zapatos brillantes de coro rubí que llevaba en 1939 Judy Garland en El Mago de Oz. Mientras iba dando brincos por el camino de baldosas amarillas hacia nuevas aventuras y nuevos horizontes, la magia de los zapatos era -y todavía sigue siendo- única.
Aunque todos los accesorios agregan algo al estilo personal de cada quien, hay uno que más que cualquier otro ha logrado llegar a lo más profundo del corazón femenino, y tampoco solo femenino, convirtiéndose en el complemento más preciado y en uno de los caprichos más caros: el zapato de tacón. Ya en los años treinta Marilyn Monroe agradecía su existencia gritando al mundo ”no sé quién inventó los zapatos de tacón, pero nosotras le debemos mucho” y hoy es Carrie Bradshaw, la protagonista de Sex and the City, quien nos demuestra que no hay nada mejor que invertir nuestros ahorros en un par de zapatos de tacón alto y de diseñador.
Los responsables de hacer de los zapatos de tacón una obsesión son los conocidos Jimmy Choo, Manolo Blahnik, Salvatore Ferragamo y Christian Louboutin, nombres que, junto con tantos otros, han explotado al máximo su creatividad para crear los zapatos más originales y sofisticados; y más altos también haciendo que el caminar se convierta en un paseo por las alturas lleno de estilo y glamour. Que es cuestión de práctica es verdad, pero también es verdad que hay tacones imposibles de domar. Así lo muestran los cientos de vídeos que podemos ver en “youtube” de modelos que vuelan por las pasarelas mientras intentan desfilar unos hermosos diseños sin morir el intento. Incluso quienes viven del caminar sobre zapatos de tacón a veces no logran, así que eso lo dice todo.
La pregunta entonces es la siguiente: ¿si hay tacones tan difíciles de caminar y tan incómodos de llevar por qué los diseñadores siguen fabricándolos tan altos? La respuesta resume todo lo dicho anteriormente: porque son y quieren seguir creando obras de arte, de culto que cualquiera se muera de deseo por un par de ellos.
Esta apreciación de ‘adoración’ de lo que puede parecer un simple objeto hoy en día, remite bastante al ideal de veneración y conservación de un objeto de antiguamente, donde se privaba su conservación y adoración para casi toda la eternidad. En contrapartida, el zapato hoy en día es fruto también de un mercado consumista y capitalista, donde el afán por comprar y acumular objetos como éstos gana todo el sentido en la vida de las personas. Resulta ser en verdad, una mezcla entre las costumbres y la nostalgia de lo tradicional, con el ansia de inversión y acumulación de los tiempos que corren, que inevitablemente nos llevan a desear un objeto de arte como el zapato, y terminar por comprarlo sin pensarlo demasiado.
Fuentes: Zapatos. un tributo a las sandalias, botas, zapatillas. Linda O’Keeffe, 2005 ; www.maguimz.wordpress.com/2009/04/






