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El Evangelio Estético

Junio 3rd, 2009

 

La arquitectura y el arte decorativo desarrollado en el área de Los Ángeles en California durante las décadas 10 al 30 del siglo XX, cuando la zona vivió un gran desarrollo económico debido a la agricultura y el éxito de la industria cinematográfica de Hollywood, creó una generación de gente emigrada de Europa recién adinerada que intentaron recrear el estilo de los nobles europeos. Esto dio pie a la creación de mansiones en las que se mezclaban caóticamente estilos como el barroco, florentino, gótico y el rústico usado en las misiones de la misma California. Este estilo fue llamado Californiano; en la decoración se crearon piezas estrambóticas, como chimeneas de más de tres metros de altura, falsos escudos nobiliarios, tapetes de oso, espejos gigantescos con marcos de falsa madera tallada estofada realizados en plástico o cuadros idílicos de falsos antepasados que decoraban sus paredes. Se llegó al exceso de comprar antiguos castillos europeos que eran trasladados piedra por piedra a los Estados Unidos o bien comprar títulos nobiliarios en subasta.

Sin embargo, otra corriente coincide en definir lo kitsch precisamente por el “deseo de aparentar ser” (como la definición de clase propuesta por Marx). En este sentido, todas las imitaciones y copias serían consideradas como kitsch, así como el uso de materiales que pretenden ser otra cosa (plástico que imite oro, cristal o madera, por ejemplo), siempre y cuando esté pensada para que su poseedor aparente ser de una clase social, económica o cultural “superior” a la suya.

Así mismo, muchas piezas religiosas utilizadas en altares domésticos responden al uso de materiales baratos que pretenden ser otros más caros, aunque sin ostentarse como símbolos de status social, sino, más bien, con el deseo de agradar a la deidad en cuestión, como es el caso de los coloridos altares de la religión hindú. Para muchos, estas expresiones se acercan más al canon estético naif.

 

La acumulación de objetos ha alcanzado un punto en que no se sabe demasiado bien que valor queremos otorgar a las piezas que nos rodean, podríamos diferenciar a distintos grupos sociales basados en los objetos que coleccionan.

La generación IKEA, los prestigiosos de Vinçon, los fanáticos de habitat o MUJI, imagenes de un mundo similar al de un catalogo. Estilos se relacionan con formas en su conjunto, ya no perdemos el tiempo en crearnos el nuestro, mejor que venga hecho.

Es cierto que en muchas ocasiones el estilo viene determinado por la calidad de vida de las personas, pero en estos casos no se sabe muy bien en que cajón entrarían estas piezas.

A menudo llenamos estantes y escritorios con las cosas más freak que nos han o nos hemos regalado, de manera que tenemos un grupo de objetos que en su aspecto formal no significan demasiado, pero trae tras de sí el significado de la persona que lo posee, es decir, el objeto explica algo acerca de su dueño, por lo que incita a hacernos una idea de su personalidad y con ejemplos como maneki-neko o los cuadros de la virgen luminoso o cualquier otra forma de aberración estética, uno se da cuenta de que es la persona quien debería otorgar el significado a las cosas no las cosas a la persona.

Hemos llegado a una época donde se nos determinará un status dependiendo de la cantidad y calidad de los objetos que hemos recopilado, construimos los objetos a nuestra imagen y semejanza esperando a que hablen ellos por nosotros, ya que nosotros desconocemos los adjetivos que merecemos.

Así la mayoría de artículos extraños y de aires Kitsch que podamos tener hablarán de nuestra faceta que afirma no creer en las premisas de que mis objetos me definen a mí.

De nuevo la contradicción humana, nos servimos del poco carácter de un objeto para denunciar la filosofía del objeto, pero usamos un objeto de todas formas.

Kilia Melia 2009 , , , , , ,