Para introducir esto, lo primero que hay que hacer es saber que se entiende por subcultura y su relación con la música. Por subcultura entendemos una cultura grupal que se opone o complementa a la cultura dominante gracias a que comparte unos criterios estéticos, políticos o sexuales o como observaba Hebdige en los 70, gracias a que comparten un determinado estilo con una significación especifica (Hebdige, 2004). Si con esta definición de subcultura el objetivo de los grupos o “tribus” era marcar de forma clara la diferencia con la cultura hegemónica en la actualidad Thornton evidencia que lo que buscan subculturas en el nuevo siglo es distinguirse estilísticamente convirtiéndose en grupos de consumo sumamente interesantes. De esta manera nos encontramos con un “capital subcultural” que ayuda a las industrias culturales a fragmentar el mercado ofreciendo un producto diferenciado para los diferentes grupos subculturales (Thornton, 1995), por que más que enfrentadas al mainstream, las subculturas se convierten en un complemento de éste.
La revolución de la cultura juvenil durante los años 50 americanos, que funciono como oposición de la “cultura adulta”, desemboco en Elvis Presley y el Rock And Roll. Éste, en un momento dado, fue asimilado por el sistema y dio el paso fundamental de ser utilizado por el mundo de la publicidad para vender productos masivos. A partir de aquí es cuando llega el momento de las subculturas que arrancan con los Teddy Boys y se desarrollan durante más de 50 años con los mods, skinheads, punks, indies, hip hop, techno… La música deja de ser un pasatiempo para convertirse en un modo más de comunicar un estilo, una cierta forma de pensar y de enfrentarse a la realidad.
Para ver la relación entre estas subculturas y el DIY nos centraremos en algunas de ellas que lo han llevado a su máxima expresión en sus diversas formas, como puede ser el punk y su rebelión estético-política, la continuación en el post-punk, el indie canónico y la forma en que desarrolla los microsellos, la distribución DIY y la cultura de baile con el impulso de eventos subterráneos conocidos como raves. Si trazamos una línea entre estos movimientos encontramos conexiones que permiten seguir las transiciones entre estos estilos.
Hay un elemento común a todos estos movimientos musicales y es que nacidos del underground siempre han tratado de ser asimilados por el sistema, utilizando sus propias características para vender y generar un público objetivo diferenciado. El Punk evolucionó desde unos orígenes radicales hasta que grupos como Clash o Sex Pistols fueron asimilados por las multinacionales. Defendida por muchos como una revolución integrada en el sistema, bien es cierto que la estética punk ha acabado en los escaparates de grandes marcas de ropa, donde se pueden encontrar camisetas de grupos punk y cinturones de pinchos. Si recordamos otros movimientos como la nueva ola madrileña (también identificada como La Movida) o el grunge también empezaron en el underground y fueron finalmente asimiladas por la industria discográfica y por el sistema político. En el caso español como recuerda Fouce (2006: 67) con “una apropiación por parte de los socialistas. Una apropiación que se produce cuando la Movida ha dejado de ser un fenómeno underground y es una etiqueta claramente identificable. El aura de libertad y modernidad que la Movida aportaba era un capital nada desdeñable para un político a la búsqueda de votos”.
Lo que nadie puede negar es que esa ruptura estética supuso un antes y un después para mucha gente que empezó a pensar que otras opciones eran posibles a la hora de crear música y de distribuirla. Citando a Cesar Estabiel que en el prólogo del libro de John Lydon (2007:9) comenta:
“Pero si el significado del punk, algún momento, tuvo que ver con la ruptura de cualquier estética establecida y, lo que es más importante, el cuestionamiento sistemático de uno mismo, desde entonces tomaría un camino y un nombre distinto. John Lydon lo guío con sus PIL, pero otros músicos espontáneos como Howard Devoto (Buzzcoks y Magazine) o Alex Ferguson (Alternative TV, Psychic TV) también lo entendieron así. Sex Pistols levantaron confusamente los cimientos y los grupos más espabilados desarrollaron aquellas ideas de individualidad y diferenciación. No necesitaban nada ni a nadie para sacar un disco, así la ética del d.i.y. (“do it yourself”, hazlo tú mismo: sin medios económicos ni discográficas detrás) se vio posible, después viable y más tarde necesaria.”

A partir del Punk empezaría a gestarse el DIY y a utilizarse la palabra de forma habitual. Los Sex Pistols provocan el despertar de una sensibilidad que desemboca en la que está considerada como primera refe-rencia Do it yourself, hablamos del primer single del grupo de Manchester, Buzzcocks. Publicada el 29 de enero de 1977 bajo el título de Spiral Scratch Ep en su propio sello New Hormones, esta referencia se convierte en el punto de arranque de un movimiento alrededor del que surgieron los primeros sellos considerados indies, sellos como Rough Trade, Factory o Crass que facturaron grupos fuera de los circuitos generales, con formulas de producción, distribución y de relación con los grupos alternativas y lanzaron a algunos de los grupos más importantes de la historia del pop como fueron The Smiths o Joy Division. Factory y Rough Trade, con sus líderes Tony Wilson y Geoff Travis, estaban además fuertemente influenciados a nivel político por el Socialismo y el Situacionismo respectivamente (Craig Strachan, 2003: 54). Además el post- punk generó una serie de redes de distribución, que hoy todavía existen, y que buscaron una democratización de la industria partiendo de planteamientos políticos y haciendo frente en las formas y el fondo a la industria discográfica establecida (Hesmondhalgh, 1999: 37).
A partir de aquí y durante los 80 empiezan a surgir sellos y microsellos independientes etiquetados como DIY y con intenciones diversas. En Reino Unido aparecen sellos como Postcard o Sarah Records, que facturan lo que podemos etiquetar como indie canónico, basándose en la producción amateur y en la autogestión. En Estados Unidos, ciudades como Olympia (Washington) se convierten en referencia gracias al sello de Calvin Jonson, K Records, que con una actitud no competitiva y bohemia, que empezó publicando casetes caseros para luego lanzarse al 7” y en la actualidad seguir en activo con una actitud plenamente independiente (Spencer, 2005: 271). Olympia también es la sede de Kill Rock Stars, sello bandera de uno de los movimientos underground más importantes del final de siglo, el de las Riot Grrrl. A partir de este movimiento surge también un festival DIY como es el Ladyfest basado en la autogestión y vinculado al feminismo y al movimiento Queer y que establece redes a nivel mundial llegándose a celebrar dos ediciones en España. El manifiesto del Ladyfest España 2008 define sus principios:
“Cualquier persona puede hacer su propio Ladyfest bajo los criterios del feminismo y el DIY, ayudando a combatir las expresiones sexistas, homófobas, xenófobas y clasistas que están presentes en todos los niveles de la so-ciedad. El festival no tiene porque ser gran-de, ni pequeño, ni estrictamente musical: Ladyfest se constituye a partir del colectivo que lo sustenta y le da forma, con sus ideas y sus ilusiones.”2
Y llegamos a finales de los 80 y principios de los noventa, momento en el que en Manchester comienza a gestionarse la llamada cultura rave, que podemos analizar como una forma de resistencia a través del hedonismo y del escapismo y como un DIYourparty (o hazte tu fiesta). Una forma de revindicar las libertades individuales en el fin del gobierno Thatcher (Nehring, 2007: 8). Citando a Tony Wilson fundador de Factory Records y del Hacienda Club de Manchester- “las raves son una muestra de fuerza de la comunidad y del colectivo. Una muestra de la fuerza de querer a los demás” (Nehring, 2007: 8). Aquí entraríamos a hablar de la liberación del cuerpo y de la relación entre música y drogas, y la elevación del disc jockey como figura fundamental y como nueva figura de la emergente cultura de clubs.
fuente:
http://www.icono14.net/revista/num13/15_icono13_gallegoperez.pdf
2010_gonzalez_eli 2010 diy, música