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EL CALZADO #6: cuando el ARTE y la MODA se retroalimentan

Junio 5th, 2010

“La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista”. Yves Saint-Laurent, el gran maestro de los modistos franceses de la segunda mitad del siglo XX, exponía con estas palabras, en su discurso de retirada del mundo de la alta costura, la relación nunca del todo bien definida entre dos disciplinas complementarias, con múltiples afinidades e influencias mutuas y, sin embargo, en apariencia tan antagónicas: el arte y la moda.

“Cuando trabajo con la tela sobre los maniquíes es como si estuviera esculpiéndoles el cuerpo”, confesaba recientemente el aragonés Manuel Pertegaz, exponiendo su punto de vista sobre el asunto. “La costura es arte. Hay texturas, color, tiene algo de arquitectura, y todo eso no se improvisa: lo importante es la idea”. Similares inquietudes, por poner un último ejemplo, llevaron al malogrado Manuel Piña a afirmar en su última colección había “pintura, escultura y poemas de amor”.

La reflexión actual sobre el valor artístico de la moda no es en modo alguno superflua. Antes bien, se antoja imprescindible en un momento histórico como el que vivimos, en el que las fronteras entre el Arte con mayúsculas y el diseño están cada vez más difuminadas, y en el que el segundo, del que tan sólo una manifestación es la moda, está penetrando con descaro en los templos consagrados en exclusiva desde hace siglos al primero.

Creo que se puede decir que en cierto modo, la moda y el arte son muy buenos amigos, de tal forma que ciertos diseños de autor son verdaderas creaciones artísticas. Y hay veces en las que el arte se sirve de lo textil para sus creaciones. Ambas disciplinas se influyen mutuamente.

En el otoño de 1965, el mítico Yves Saint Laurent creó un sencillo vestidito basado en la pintura de Mondrian, prenda convertida ya en un clásico inmortal.

Otro ejemplo reside en John Galliano para Dior , fascinado por los maestros de la pintura holandesa de los siglos XVI y XVII -Vermeer, Rembrandt, Porcellis y cía- reinventa la ‘maison’ por excelencia en un retablo de las maravillas en el que tienen cabida las cerámicas de Delft, las sedas plisadas y estampadas del Renacimiento, el exotismo de las plumas engarzadas en tocados de tul y los omnipresentes trazados del legado de ‘monsieur’ Dior. Rojo pasión, azul celeste, blanco níveo, rosa y amarillo, colores de una colección sacada de un Museo que hará disfrutar el doble a los nuevos compradores de ‘Couture’, los asiáticos, que matarán dos pájaros de un tiro: vestir Dior e ‘invertir’ en los fondos del Rijksmuseum.

Aunque la relación entre las dos disciplinas es más que evidente, y está claramente presente, no evolucionan en paralelo. Puede parecer que sí, pero la forma de conceptualizar y plasmar una corriente en cada disciplina es muy distinta. El mundo de la moda, sigue siendo tan sumamente amplio hoy en día -y cada vez más-, que cada temporada se presentan y se aceptan colecciones recargadas, diferentes, arrojadas, alocadas, creativas, tan dispares entre ellas, que se aceptan todas. Aunque en cada colección, cada firma de moda presente una imagen muy distinta a cada una de las demás, se acepta todo, todo es permitido y posible..

De este modo, creo que el mundo del arte -aunque en este tema me siento menos familiarizada- presenta rasgos más conservadores y menos liberales y arrojados. Aunque además de mantener menos perfil comercial en los medios generales, el mundo del arte es más cerrado, y desconocido. Aquí, también difieren los dos campos: porque aunque el mundo de la alta-costura sea selectivo y sólo para unos cuantos afortunados, impregna a todos y entra en las conversaciones y en los ojos de casi todo el mundo. Por otro lado, creo que el mundo del arte, hoy en día -aunque obviamente estando muy presente y vivo- posee menos repercusión social, y en los medios. Es aún más selectivo que el de la moda.

Y esto creo que se da, justo por toda la periferia que rodea el objeto. Toda la periferia existente en el mundo de la moda, es MUY importante para su desarrollo y expansión social: desde una inmensidad de revistas como “vogue”, accesibles a todo el mundo, pasando por “celebrities” que dan su imagen a marcas, anuncios en todas las esquinas de una ciudad, hasta los millones de bloggers de moda que ahora se han puesto tanto de moda. En fin, cualquier uno podría escribir, opinar, y defender su visión u opinión personal en el mundo de la moda.

Como decía antes, el mundo del arte actual es distinto. Resulta más desconocido, menos popular, y menos divulgado -que no quiere decir, que no esté presente. Simplemente en menor medida que el de la moda-. Además, estéticamente también evolucionan de manera distinta. La moda sigue y prima por una manera y forma de belleza y estética distinta a la del arte del siglo XX y XXI. En la moda -incluyendo obviamente en todo el discurso, el calzado, que no deja de formar parte de la moda- todo es permitido, estéticas distintas, recargadas, complicadas, coloridas, extravagantes, etc. Además, cada casa y diseñador siempre se basa en un concepto fuerte para desarrollar toda la colección, como hemos visto antes con Dior..

El arte resulta bastante distinto, al seguir unos cánones pienso que más estrictos, y sencillos, que tienen como resultado una estética muy distinta a la que defiende la moda. Algo mucho más simple, y aunque rompedor, menos impactante y visual quizás.

Aun así, todas las vías del arte están relacionadas. Con lo cual, creo que no podrían vivir el uno sin el otro..

Espero haber conseguido plasmar en este trabajo, la belleza, complejidad e importancia del calzado. Si es que resulta que sin ellos, no podríamos vivir..

Laura Pedrosa.

Fuentes: http://www.revistaarte.com/numero52/moda.html ; http://www.elmundo.es/yodona/albumes/2009/01/26/dior_couture/index.html ; http://blogs.clarin.com/-quieres-ser-ms-wintour-/tag/peuque/ ;

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EL CALZADO #5: McQueen, un mito inalca(L)zable

Junio 2nd, 2010

Si hay algo que caracterizó al recientemente fallecido diseñador, fue su inmensa creatividad a la hora de diseñar zapatos femeninos. Realmente, los tacones by Alexander McQueen son únicos e inimitables, una verdadera obra de arte en la moda.

Pero como toda obra de arte, fueron hechos para mirar y no para usar, pues no es muy dificil darnos cuenta que deben resultar incomodísimos. De cualquier manera, esa no debe haber sido una preocupación mayor en la carrera de este talentoso diseñador, que sin dudas buscaba transgredir con cada uno de sus diseños.

De nombre verdadero Lee Alexander McQueen, nació en 1969 en el Est End of Londres, hijo de un taxista. Desde pequeño comenzó a diseñar ropa para sus tres hermanas y ya entonces tenía clara intención de convertirse en diseñador. Alexander McQueen se graduó en la prestigiosa escuela St. Martins College of Art & Design de Londres. Su talento no pasó desapercibido para los sastres Anderson & Sheppard de la tradicional calle Savile Row, que le ofrecieron incorporarse a la firma. De ahí pasó a trabajar para Romeo Gigli y Koji Tatsuno, antes de abrir su estudio en East London.

Tras crear su propia marca, McQueen comenzó a hacerse conocido en los tabloides británicos gracias a unos diseños rompedores respaldados por una pequeña pero fiel clientela entre la que se incluían figuras destacadas del mundo de la moda, como la estilista Isabella Blow.

Su imagen de “enfant terrible”, junto con su creatividad y maestría en el corte, le han convertido en uno de los más grandes y polémicos diseñadores de la historia de la moda. Su subida al poder fue un cuento de hadas por méritos propios.

Personalmente, y además de venerar y admirar todo el trabajo transgresor de Alexander McQueen, mis piezas favoritas son los zapatos. Parece ser que tiene un don además de sastre, de diseñador de calzado, al crear en cada colección una otra colección potente de calzado, siempre espantosos y rompedores -y eso sí, siempre con unos tacones de vértigo-. En sus colecciones y desfiles, la pieza del zapato, alcanza un valor tan importante y potente que creo que se puede decir que pasa a ser un elemento de ropa más, igual de importante que los demás.

Antes de fallecer, presentó en Paris su nueva -y última- colección para primavera/verano 2010 “Charles Darwin’s The Origin of Species”. Con su presentación despertó los más variados comentarios acerca de su colección de zapatos. Las modelos se subieron a estos imposibles zapatos de forma muy extravagante, que parece ser que tienen reminiscencias a los pies de loto, junto con motivos animales. Estos fantásticos zapatos, pero casi imposibles de calzar, llevan el nombre de “Armadillos”, referente a los animales con el mismo nombre y miden 30 cm de alto. Resultan extraños, pero indignantes en cuanto a forma, colores, etc.

Dejo el link del desfile de la colección, que no se debería perder quien no lo ha visto:

http://www.youtube.com/watch?v=DvWyK-llPlA

Parece ser que la única -o de las únicas- chica que se ha atrevido a andar con ellos, además de las modelos del desfile, ha sido la maravillosa y extravagante, como ellos mismos, Lady Gaga en sus promociones y videoclips.

Dejo también el link del videoclip de Lady Gaga - Bad Romance, donde calza algunos modelos de Alexander McQueen:

http://www.youtube.com/watch?v=qrO4YZeyl0I

Aun así, Alexander McQueen nos sigue sorprendiendo con sus singulares diseños de tacones, aun después de su muerte. Parecería que este talentoso diseñador guardó una vasta colección de zapatos femeninos y tendremos creaciones McQueen para rato. La extravagancia en las colecciones de tacones de Alexander McQueen nunca se va a dar por terminada. Cuando una colección nos deslumbra, ya pronto aparece otra que vuelve a robarse todas las miradas y comentarios.

Estos tacones fueron inspirados en el arte de la Edad Media y sin duda ellos mismos se podrían considerar una obra de arte. Priman por sus adornados con variados motivos y materiales son dignos de admiración.

Nuevamente, Alexander McQueen nos ha demostrado su creatividad sin límites, aun después de fallecido, dejando un legado impresionante.

Aunque sus tacones sean inalca(L)zables, e inalca(N)zables, él era el mejor, y sin él nos quedamos desnudos y descalzos..

Fuentes: http://mujeresconestilo.com/moda-¿te-gustan-los-nuevos-zapatos-de-alexander-mcqueen_6794.html ; http://es.wikipedia.org/wiki/Alexander_McQueen ; http://www.imujer.com/2010/04/16/tacos-recargados-por-alexander-mcqueen/ ; http://www.huffingtonpost.com/2009/11/11/lady-gaga-dances-in-alexa_n_353845.html

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EL CALZADO #4: Christian Louboutin, el hombre de las suelas rojas

Junio 1st, 2010

El hombre de los zapatos con zuelas laqueadas rojas, Christian Louboutin se transformó en un ícono de la moda que envuelve los pies. Sus colecciones pueden encontrarse en más de 45 paises alrededor del mundo y famosas del espectáculos han llevado su sello: desde Madonna, pasando por Jennifer Lopez, hasta Jessica Parker, por solo nombrar algunas.

Louboutin, nacido en Francia en 1963, es uno de los zapateros más famosos del mundo del espectáculo. Este diseñador crea auténticas joyas en forma de zapato, entre los que destacan sus stilettos -con tacones de hasta 15 centímetros- y por sus suelas en color rojo. Otras señas de su inconfundible estilo son los tacones de aguja, que resultan muy cómodos por llevar en la planta una plataforma escondida, así como sus peep-toes.

Ya a los quince años pasaba las horas completas de clases dibujando estilizados zapatos, de tacones altísimos en sus cuadernos. Intentó en vano vender sus creaciones en fiestas de socialités, pero la excusa era siempre la misma: “no hay dinero, cariño…” .Fue en París dónde a los 16 años comenzó su carrera creando zapatos para las bailarinas de music-hall, aunque en este ambiente no tuvo gran acogida. Pero no se dio por vencido, decidido de que era su vocación ingresó a varias escuelas de diseño, como la de Chanel y la de Saint Laurent. Abrió su propia boutique en París y se hizo conocido por ofrecer café gratis a sus clientas. La idea de la ya famosa suela roja se le ocurrió cuando vio a una de sus empleadas pintarse las uñas de color rojo, inmediatamente pensó que ese color quedaría bonito en las suelas. A partir de entonces no ha parado.

En 1992 comenzó la marca que lleva su nombre Christian Louboutin, abriendo su primera tienda en París, Francia. Su primera boutique en la capital francesa se destacó no sólo por su exclusiva clientela, sino también por ofrecer café a los compradores. Sus diseños llamaban la atención por la originalidad y el uso de múltiples colores -debido a esto se compara a sus zapatos con pájaros multicolores-. En tan sólo cuatro años Louboutin logró la gloria, al convertirse en un prestigioso y cotizado diseñador, que en la actualidad se encuentra presente en las tiendas y en las pasarelas de moda más importantes del mundo, como Los Angeles, París, Singapur o Montecarlo.

Louboutin posee boutiques propias en los Estados Unidos, dos en New York, una en Beverly Hill (California) y otra en Las Vegas; y en ciudades de gran afluencia del universo fashion, como Londres, Moscú, Hong Kong. Se ha convertido en la marca de calzado fetiche de numerosas celebridades, como Nicole Kidman, Angelina Jolie, Janet Jackson, Cristina Aguilera, Mischa Barton, Kylie Minogue, Britney Spears, Madonna, la artista pop japonesa Ayumi Hamasaki o la cantante de jazz japonesa Shiina Ringo, entre otras. Además, tiene entre sus amigas a la princesa Carolina de Mónaco y a la actriz Catherine Deneuve.

Ha trabajado con famosísimos diseñadores quienes, ha contado en alguna entrevista, lo ayudan para reorientar el trabajo y seguir una línea. Cuando el trabajo es del zapato de manera independiente sus energías se centran en los detalles que el zapato como objeto requiere, en cambio, al trabajar con un diseñador trabaja el concepto de la colección.

Para desarrollar sus diseños tiene espacios que le brindan la tranquilidad que necesita, especialemente elige sus casas de Egipto y Siria. Su zapato preferido, aquel que para él es el más perfecto es el zapato de punta que utilizan las bailarinas.¿Marcado por su historia? Es posible: por un lado sus comienzos en el cabaret de Paris, por otra parte ser hermano de cuatro mujeres, parece que le han dado las herramientas para conectarse con la femeneidad, captar el sentir de la mujer y plasmarlo en sus creaciones.

Sus creaciones están presentes en los más importantes desfiles internacionales y entre sus clientas se encuentran las estilosísismas gemelas Olsen, Madonna, Kylie Minogue, Cate Blanchett, Carolina de Mónaco, Katie Holmes, Hayden Panettiere, Rihanna, Jessica Simpson y un largo etcétera.

Louboutin busca que sus creaciones sean consideradas por sus clientas como objetos bellos, casi como obras de arte que perduran a lo largo del tiempo, y que queden registrados en la memoria de quienes los ven para siempre. Al parecer ha logrado lo que se propuso, porque, una vez que has visto un Louboutin

Sus zapatos están realizados con variedad de materiales -estampados de leopardo, de charol o de raso, con acabados metalizados o con tachuelas-, y están disponibles en una infinidad de colores, que van desde los más estridentes -verde, fuccia, amarillo, etc.-, hasta los clásicos, como el negro o los tonos tierra. También varían las formas, porque además de stilettos o peep-toes, diseña botines, botas o el modelo Oxford. Hay que ser una mujer muy segura de sí misma y extrovertida -además de con poder adquisitivo, ya que el precio de sus modelos ronda los 600 euros- para animarse a usar algunos de estos calzados. ¿Te animas a tener unos?

¿Cómo olvidar esa maravillosa suela roja?

Fuente: http://www.elitechile.cl/2008/01/15/christian-louboutin-el-nuevo-dios-de-los-zapatos/; http://www.centromujer.es/moda/christian-louboutin-esas-joyas-de-suela-roja/; http://www.quediseno.com/zapatos-mujer-christian-louboutin/

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EL CALZADO #3: Los ‘manolos’ de Blahnik

Mayo 22nd, 2010

Mientras que Paloma Picasso se siente “desnuda” si no lleva blahniks en sus pies y la Spice pija, Victoria Adams, lo primero que rescataría de su casa en llamas serían sus “Manolos”, la cantante Madonna considera que estas piezas “son mejores que el sexo, y duran más”. Todo un lujo, ansiado por cantantes, actrices, modelos, aristócratas y millonarias de toda estirpe, capaces de gastar una fortuna por conseguir uno de los originales modelos del artista español afincado en Londres.

Estos tacones, que rondan los 20 centímetros de altura, se han convertido en un codiciado objeto para buena parte de la jet-set mundial. El secreto de estas pequeñas piezas de arte radica en la mezcla de femineidad, sensualidad y fantasía que reúnen, logrando que las mujeres que las calzan se sientan según palabras de su propio creador- “sexys, provocativas y glamourosas”.

Sarah Jessica Parker en una escena de ‘Sex and the city’ es asaltada por un ladrón en pleno Soho neoyorquino, y aterrorizada grita: “¡Quítame lo que sea, mi bolso Fendi, mi anillo, mi reloj, todo menos mis ‘Manolos’!”. Carrie Bradshaw, el personaje que interpreta la actriz Sarah Jessica Parker puede adorar sus tacones de Manolo Blahnik, pero el diseñador está cansado del programa de televisión que le ayudó a alcanzar la fama. Es que de acuerdo a la revista Marie Claire UK, Blahnik reveló estar un poco más que aburrido de estar vinculado a la serie y su consiguiente película. “Si la gente me habla de Sex and the City me enfermo”, señaló al diario británico Sunday Telegraph. Aunque la firma creada por el diseñador ya tenía casi 40 años cuando el personaje de Parker llegó a la pantalla, la popularidad de Blahnik aumentó notablemente con la serie, ya que su marca era nombrada semana tras semana en un programa adorado por miles de mujeres alrededor del mundo. Con respecto a su nueva fama, el diseñador señaló que “es dulce pero a veces se hace demasiado y no me siento cómodo. Nunca he querido ser un diseñador-celebridad”. De todas formas Blahnik admite que la serie ha aportado un gran impulso a su negocio, y agrega “Tuvimos un muy buen año el año pasado, gracias a los estúpidos zapatos de raso que Sarah Jessica Parker usó en la película. Ese zapato nos salvó la compañía”.

Pisar con unos zapatos de Manolo Blahnik puede costar desde 500 hasta 6000 euros por un modelo exclusivo. Los calzan las mujeres más famosas, elegantes y sofisticadas de todo el mundo. Son como auténticas joyas entre los vestidos de alta costura. Muchas mujeres únicamente los compran para poseerlos y contemplarlos como obras de arte. Entre sus fieles seguidoras se cuentan Julia Roberts, Giselle Bündchen, Kate Moss, Naomi Campbell, Linda Evangelista, Carolina de Mónaco, Carolina Herrera, Paloma Picasso, Bianca Jagger y Stella McCartney. Carolina Herrera ha dicho que sus ‘Manolos’ son la salvación de sus piernas. Respecto a si conoce a alguna mujer que tenga los pies perfectos, Blahnik señala: “Sí, una noche durante una cena, una persona puso su pie sobre mi plato. Después de 30 años sin verla, la reconocí por sus pies perfectos: Raquel Welch”.

Las mujeres suspiran por sus tacones de vértigo, su acabados, su calidad, su comodidad y sus hormas suaves y seductoras. Todos los zapatos de Blahnik están hechos a mano y pasan por 50 procesos de producción diferentes. Los colores y los diseños se mezclan con materiales tan exquisitos como sedas, tejidos de los siglos XVI y XVII, algodones chinos, linos, terciopelos y brocados. Ha trabajado todo tipo de formas y materiales, incluso con piedras semipreciosas, logrando piezas únicas. Cuando se le pregunta qué diferencia a sus zapatos de otras grandes firmas, con cierta timidez Blahnik contesta: “Son hormas de calidad, ligeras, con un buen diseño, innovación en el corte, además de paciencia, pasión y muchas horas de trabajo”. Manolo Blahnik le pone nombres a cada par de zapatos que diseña. “Me apasiona ponerles nombres kitsch o camp a mis creaciones. Tengo series con nombres como: Tormento, Refugio o Misericordia”. Pero lo más importante es que Blahnik hace zapatos que son una fuente de alegría y una forma de comunicación, “y esto es lo que más me satisface”, asegura.

Blahnik reconoce que su curiosidad visual es infinita y que lo demás le interesa poco. Tiene como referencia para sus creaciones el cine de Visconti y Cocteau, la pintura de El Greco, Goya y Velázquez: “Me encanta el cine, el arte y la literatura, y en ellos es donde encuentro una gran fuente de inspiración. El primer recuerdo que guardo de unos zapatos se remonta a una Marlene Dietrich caminando sobre tacones altísimos en una de sus inolvidables películas”. El escritor cubano Guillermo Cabrera Infante ha comparado a Manolo Blahnik con Lorca, Almodóvar y Picasso, por genial, universal y español.

Blahnik ha creado durante tres décadas unos 10 mil pares de zapatos, siguiendo un proceso artesanal en el que él mismo diseña, modela y remata cada uno de sus ‘Manolos’. Este diseñador español es sin duda el mejor creador de zapatos y uno de los más influyentes en las últimas décadas. Nació en 1943 en las Islas Canarias y estudió Derecho, Literatura y Arte en la Universidad de Ginebra y en la Universidad de París. “En París trabajé en una tienda de antigüedades, en Londres me dediqué a vender vaqueros y a dibujar, y en Estados Unidos Paloma Picasso, una gran amiga, me puso en contacto con la editora de la revista Vogue, que al ver mis dibujos comentó: ‘¡Haga zapatos!’”.

Y es precisamente en ese trabajo manual donde radica el encanto de los zapatos de Blahnik, cargados de una magia particular que los hace irresistibles y codiciados, signos supremos de la distinción. De ahí que muchos piensen que “la vida se ve mejor desde un par de manolos”.

Fuentes: www.hola.com/biografias/manolo-blahnik/biografia/ ; www.latercera.com/contenido/737_179669_9.shtml ; www.esmas.com/mujer/belleza/consejosmoda/365170.html

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EL CALZADO #2: Con ellos llegó el escándalo: los zapatos fetiche

Mayo 22nd, 2010

El zapato entendido como obra de arte, y objeto único y deseado, como se explicaba en el anterior post, es ya de por sí un elemento fetiche. Esto porque se ha convertido con la gran difusión de la moda al mundo de la calle, en un objeto de puro deseo que no todos tenemos la suerte de poder tenerlo. Así es como es entendido el zapato como objeto fetiche desde un punto de vista un poco más coloquial y de calle.

Pero, por otro lado, existe otra interpretación un tanto distinta de la anterior y más profunda, del zapato fetiche. Esta segunda interpretación lleva detrás toda una historia y tradición que viene directamente relacionada con los símbolos y ritos sexuales. Tanto en Occidente como el Oriente el zapato fue entendido durante muchos y largos años como objeto indispensable fetichista.A pesar del abismo cultural que separa las culturas que los crearon, tanto los zapatos fetiche occidentales como los zapatos para pies reducidos (o de “pie del loto”) de China convierten a la mujer que los lleva en objeto y despiertan el apetito sexual de algunos espectadores. Si bien para los fetichistas occidentales la verdadera atracción radica en el sentimiento de subyugación, en China la pasividad, simbolizada por los pies reducidos es la clave del éxtasis erótico. La historiadora del calzado Mary Trasko resume las diferencias entre uno y otro señalando que el calzado fetichista en Occidente siempre ha sido “insinuante y anguloso como una daga”, mientras que en Oriente “recuerda más bien la lencería, con retales de satén y suelas delicadamente bordadas”.

En el mundo occidental ya aparecían amantes del calzado en la antigüedad, pero fue en Inglaterra del siglo XIX donde la palabra fetichismo adquirió la categoría de nombre propio, cuando la represión victoriana y el puritanismo dieron origen a nuevas formas de expresión sexual. La campaña para ocultar el pie femenino bajo faldas interminables y botas cerradas obtuvo tanto éxito que el mero atisbo del tobillo de una mujer ya era causa de excitación. Los tobillos de la mujer y, por extensión, sus zapatos o sus botas se convirtieron en símbolos de partes del cuerpo más secretas, y el desear con vehemencia sus pies o su calzado se convirtió en algo estrictamente tabú. Como era de esperar, en la década de 1850 apareció en Londres un mercado clandestino de pornografía y zapatos con tacones de 15 cm de altura. Pese a haber transcurrido ya más de un siglo y a pesar también de la existencia de revistas con nombres tan significativos como High Heel Honeys, y Super Strikes, los zapatos fetiche siguen siendo tabú, en parte por su asociación con el mundo de los travestidos y con las prácticas sadomasoquistas. El clásico fetichista occidental adora el charol negro brillante (el loo “húmedo”), las versiones extremas de los tacones de aguja (por su relación con las mujeres sexualmente agresivas) o las botas de cordones altas hasta los muslos (como las que llevan las esculturales heroínas de los cómics, con los pechos apuntando como torpedos desde los minúsculos uniformes de látex). Los tacones altos impiden el movimiento -una forma de sumisión femenina que algunos encuentran erótica-.

Pero los fetichistas también tienen sus propias inclinaciones; algunos zapatos, con candados, correas, y arneses en el tobillo, sugieren subyugación y sumisión, y presentan al pie, según la historiadora de modas Anne Hollander, como un bello esclavo. En casos extremos, el fetichista puede llegar a prescindir absolutamente de la mujer y se contenta con pasar el sábado por la noche en compañía de un zapato de tacón de aguja. La restricción, ya sea real o imaginaria, parece ser la clave de la habilidad para excitar que poseen los zapatos fetiche, independientemente del entorno cultural.

Sin embargo, mientras que en Occidente es la altura del zapato el símbolo del erotismo, en China se valora el tamaño. La sociedad china ya admiraba los pies diminutos muchos antes de que la práctica de vendar los pies llegase a los umbrales del fetichismo cultural. En el siglo X, según los historiadores, las bailarinas exóticas de la corte imperial llevaban calcetines muy ceñidos para hacer que sus pies pareciesen más pequeños. La costumbre se propagó entre las clases adineradas y la práctica de vendar los pies se convirtió en un procedimiento más doloroso, así como un rito de iniciación.  Las madres de clase alta consultaban con los astrólogos la fecha y el momento propicio para la ceremonia de iniciación gin líen de sus hijas, que solía tener lugar a edades comprendidas entre los 3 y los 8 años. Después de hacer una pedicura a la niña, se le doblaban los cuatro dedos hacia atrás y se les colocaba un vendaje alrededor de manera que permaneciesen en esa posición (el pulgar no se doblaba para que formase una media luna). Después de cada baño, el pie se volvía a vendar con mayor firmeza y luego se colocaba en un zapato de un número inferior. El ideal era conseguir una rareza cultural: el “loto dorado”, un pie que midiese unos siete centímetros. Los maridos chinos adoraban los menudísimos zapatos para los pies reducidos de sus esposas y a veces los exhibían en una pequeña bandeja (en la que aún sobraba muchísimo espacio) para mostrar el tamaño del pie. Las mujeres solían poseer cientos de zapatos de este tipo, que variaban según la región y la moda de la época, y se pasaban largas horas bordándolos con símbolos de fertilidad, longevidad, armonía y unión. Los zapatos que se llevaban en la noche de bodas solían llevar bordadas explícitas escenas eróticas con el fin de instruir a la joven virgen. La costumbre de aprisionar los pies dejó de practicarse cuando China se convirtió en una república en el año 1912 y prácticamente había desaparecido en casi todo el país cuando Mao la prohibió oficialmente en 1949.

Irónicamente, en Occidente, donde siempre se había considerado el fetichismo como algo subversivo, el cambio en las actitudes sexuales ha dado origen al estilo fetichista. Durante las dos últimas décadas, la moda fetichista no sólo ha ido aceptada generalmente sino que el calzado fetichista ocupa ahora un lugar destacado dentro de la moda internacional.

Fuentes: Zapatos. un tributo a las sandalias, botas, zapatillas. Linda O’Keeffe, 2005.

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EL CALZADO #1: El zapato como nexo entre el hombre, y el arte

Mayo 19th, 2010

Según el diccionario vigente de la Real Academia, la palabra ‘calzado’ resulta ser demasiadas cosas..

calzado, da.

(Del part. de calzar).

1. adj. Se dice de los religiosos que usan zapatos, en contraposición a los descalzos.

2. adj. Dicho de un ave: Cuyos tarsos están cubiertos de plumas hasta el nacimiento de los dedos.

3. adj. Dicho de un cuadrúpedo: Cuyas patas tienen en su parte inferior color distinto del resto de la extremidad.

4. adj. Heráld. Dicho de un escudo: Dividido por dos líneas que parten de los ángulos superiores del jefe y se encuentran en la punta, en contraposición a cortinado.

5. m. Todo género de zapato, borceguí, abarca, alpargata, almadreña, etc., que sirve para cubrir y resguardar el pie.

6. m. Todo cuanto se usa para cubrir y adornar el pie y la pierna, incluidas medias y ligas.

7. m. pl. p. us. Medias y ligas que se pone una persona cuando se viste.

Resulta algo confuso y poco claro.. Aun así, tomaremos como caso de estudio a partir de ahora la definición que se refiere a la palabra como un objeto de calzar, que el ser humano utiliza para recubrir el pie y poder desplazarse sin cualquier tipo de impedimento de un lugar al otro. Ahora bien, el calzado resulta ser algo más que esta simple y concreta definición de diccionario. Como veremos, ha pasado de tomar la postura de un simple complemento de vestir puramente funcional, a ser considerado una obra de arte, de fetichismo, admiración y deseo.

Únicos de concepción y ejecución, los zapatos que levantan el vuelo de la fantasía del diseñador se transforman en sueños hechos realidad en los pies, convirtiendo al zapato en una obra de arte. No es casualidad que Savatore Ferragamo, quien dedicó toda su vida a idear el zapato perfecto, hablara de sí mismo como de un “zapatero de sueños”. “No existen límites para la belleza, no hay punto de saturación en el mundo del diseño”, meditaba en su autobiografía, “no hay un horizonte para los materiales que el zapatero pueda usar para decorar sus creaciones”.

Realizados en cualquier material imaginable, los zapatos únicos se extienden desde los dominios de la excentricidad y la extravagancia hasta el reino del ingenio y lo iconoclasta, haciendo uso de un sinfín de elementos desde perlas y tejidos medievales, hasta césped artificial y sellos de correos, pasando por plumas y escamas de pescado.

Algunos modelos son prodigios de la osadía técnica, un reto de gravedad para dar solución al mayor desafío de un zapatero: un zapato sin formas de soporte visibles, el “tacón sin tacón” o, en el caso de Beth Levine, la zapatilla “topless”.

Quizás los zapatos únicos de mayor renombre sean los diseñados específicamente para el mundo del celuloide. Dichos modelos están concebidos por la necesidad de expresar una personalidad o un carácter, o de crear un personaje de la nada. Seguramente, el par de zapatos más famoso del cine, y tal vez el más famoso del mundo, sean los zapatos brillantes de coro rubí que llevaba en 1939 Judy Garland en El Mago de Oz. Mientras iba dando brincos por el camino de baldosas amarillas hacia nuevas aventuras y nuevos horizontes, la magia de los zapatos era -y todavía sigue siendo- única.

Aunque todos los accesorios agregan algo al estilo personal de cada quien, hay uno que más que cualquier otro ha logrado llegar a lo más profundo del corazón femenino, y tampoco solo femenino, convirtiéndose en el complemento más preciado y en uno de los caprichos más caros: el zapato de tacón. Ya en los años treinta Marilyn Monroe agradecía su existencia gritando al mundo ”no sé quién inventó los zapatos de tacón, pero nosotras le debemos mucho” y hoy es Carrie Bradshaw, la protagonista de Sex and the City, quien nos demuestra que no hay nada mejor que invertir nuestros ahorros en un par de zapatos de tacón alto y de diseñador.

Los responsables de hacer de los zapatos de tacón una obsesión son los conocidos Jimmy Choo, Manolo Blahnik, Salvatore Ferragamo y Christian Louboutin, nombres que, junto con tantos otros, han explotado al máximo su creatividad para crear los zapatos más originales y sofisticados; y más altos también haciendo que el caminar se convierta en un paseo por las alturas lleno de estilo y glamour. Que es cuestión de práctica es verdad, pero también es verdad que hay tacones imposibles de domar. Así lo muestran los cientos de vídeos que podemos ver en “youtube” de modelos que vuelan por las pasarelas mientras intentan desfilar unos hermosos diseños sin morir el intento. Incluso quienes viven del caminar sobre zapatos de tacón a veces no logran, así que eso lo dice todo.

La pregunta entonces es la siguiente: ¿si hay tacones tan difíciles de caminar y tan incómodos de llevar por qué los diseñadores siguen fabricándolos tan altos? La respuesta resume todo lo dicho anteriormente: porque son y quieren seguir creando obras de arte, de culto que cualquiera se muera de deseo por un par de ellos.

Esta apreciación de ‘adoración’ de lo que puede parecer un simple objeto hoy en día, remite bastante al ideal de veneración y conservación de un objeto de antiguamente, donde se privaba su conservación y adoración para casi toda la eternidad. En contrapartida, el zapato hoy en día es fruto también de un mercado consumista y capitalista, donde el afán por comprar y acumular objetos como éstos gana todo el sentido en la vida de las personas. Resulta ser en verdad, una mezcla entre las costumbres y la nostalgia de lo tradicional, con el ansia de inversión y acumulación de los tiempos que corren, que inevitablemente nos llevan a desear un objeto de arte como el zapato, y terminar por comprarlo sin pensarlo demasiado.

Fuentes: Zapatos. un tributo a las sandalias, botas, zapatillas. Linda O’Keeffe, 2005 ; www.maguimz.wordpress.com/2009/04/

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