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EL CALZADO #6: cuando el ARTE y la MODA se retroalimentan

Junio 5th, 2010

“La moda no es un arte, pero para dedicarse a ella hay que ser un artista”. Yves Saint-Laurent, el gran maestro de los modistos franceses de la segunda mitad del siglo XX, exponía con estas palabras, en su discurso de retirada del mundo de la alta costura, la relación nunca del todo bien definida entre dos disciplinas complementarias, con múltiples afinidades e influencias mutuas y, sin embargo, en apariencia tan antagónicas: el arte y la moda.

“Cuando trabajo con la tela sobre los maniquíes es como si estuviera esculpiéndoles el cuerpo”, confesaba recientemente el aragonés Manuel Pertegaz, exponiendo su punto de vista sobre el asunto. “La costura es arte. Hay texturas, color, tiene algo de arquitectura, y todo eso no se improvisa: lo importante es la idea”. Similares inquietudes, por poner un último ejemplo, llevaron al malogrado Manuel Piña a afirmar en su última colección había “pintura, escultura y poemas de amor”.

La reflexión actual sobre el valor artístico de la moda no es en modo alguno superflua. Antes bien, se antoja imprescindible en un momento histórico como el que vivimos, en el que las fronteras entre el Arte con mayúsculas y el diseño están cada vez más difuminadas, y en el que el segundo, del que tan sólo una manifestación es la moda, está penetrando con descaro en los templos consagrados en exclusiva desde hace siglos al primero.

Creo que se puede decir que en cierto modo, la moda y el arte son muy buenos amigos, de tal forma que ciertos diseños de autor son verdaderas creaciones artísticas. Y hay veces en las que el arte se sirve de lo textil para sus creaciones. Ambas disciplinas se influyen mutuamente.

En el otoño de 1965, el mítico Yves Saint Laurent creó un sencillo vestidito basado en la pintura de Mondrian, prenda convertida ya en un clásico inmortal.

Otro ejemplo reside en John Galliano para Dior , fascinado por los maestros de la pintura holandesa de los siglos XVI y XVII -Vermeer, Rembrandt, Porcellis y cía- reinventa la ‘maison’ por excelencia en un retablo de las maravillas en el que tienen cabida las cerámicas de Delft, las sedas plisadas y estampadas del Renacimiento, el exotismo de las plumas engarzadas en tocados de tul y los omnipresentes trazados del legado de ‘monsieur’ Dior. Rojo pasión, azul celeste, blanco níveo, rosa y amarillo, colores de una colección sacada de un Museo que hará disfrutar el doble a los nuevos compradores de ‘Couture’, los asiáticos, que matarán dos pájaros de un tiro: vestir Dior e ‘invertir’ en los fondos del Rijksmuseum.

Aunque la relación entre las dos disciplinas es más que evidente, y está claramente presente, no evolucionan en paralelo. Puede parecer que sí, pero la forma de conceptualizar y plasmar una corriente en cada disciplina es muy distinta. El mundo de la moda, sigue siendo tan sumamente amplio hoy en día -y cada vez más-, que cada temporada se presentan y se aceptan colecciones recargadas, diferentes, arrojadas, alocadas, creativas, tan dispares entre ellas, que se aceptan todas. Aunque en cada colección, cada firma de moda presente una imagen muy distinta a cada una de las demás, se acepta todo, todo es permitido y posible..

De este modo, creo que el mundo del arte -aunque en este tema me siento menos familiarizada- presenta rasgos más conservadores y menos liberales y arrojados. Aunque además de mantener menos perfil comercial en los medios generales, el mundo del arte es más cerrado, y desconocido. Aquí, también difieren los dos campos: porque aunque el mundo de la alta-costura sea selectivo y sólo para unos cuantos afortunados, impregna a todos y entra en las conversaciones y en los ojos de casi todo el mundo. Por otro lado, creo que el mundo del arte, hoy en día -aunque obviamente estando muy presente y vivo- posee menos repercusión social, y en los medios. Es aún más selectivo que el de la moda.

Y esto creo que se da, justo por toda la periferia que rodea el objeto. Toda la periferia existente en el mundo de la moda, es MUY importante para su desarrollo y expansión social: desde una inmensidad de revistas como “vogue”, accesibles a todo el mundo, pasando por “celebrities” que dan su imagen a marcas, anuncios en todas las esquinas de una ciudad, hasta los millones de bloggers de moda que ahora se han puesto tanto de moda. En fin, cualquier uno podría escribir, opinar, y defender su visión u opinión personal en el mundo de la moda.

Como decía antes, el mundo del arte actual es distinto. Resulta más desconocido, menos popular, y menos divulgado -que no quiere decir, que no esté presente. Simplemente en menor medida que el de la moda-. Además, estéticamente también evolucionan de manera distinta. La moda sigue y prima por una manera y forma de belleza y estética distinta a la del arte del siglo XX y XXI. En la moda -incluyendo obviamente en todo el discurso, el calzado, que no deja de formar parte de la moda- todo es permitido, estéticas distintas, recargadas, complicadas, coloridas, extravagantes, etc. Además, cada casa y diseñador siempre se basa en un concepto fuerte para desarrollar toda la colección, como hemos visto antes con Dior..

El arte resulta bastante distinto, al seguir unos cánones pienso que más estrictos, y sencillos, que tienen como resultado una estética muy distinta a la que defiende la moda. Algo mucho más simple, y aunque rompedor, menos impactante y visual quizás.

Aun así, todas las vías del arte están relacionadas. Con lo cual, creo que no podrían vivir el uno sin el otro..

Espero haber conseguido plasmar en este trabajo, la belleza, complejidad e importancia del calzado. Si es que resulta que sin ellos, no podríamos vivir..

Laura Pedrosa.

Fuentes: http://www.revistaarte.com/numero52/moda.html ; http://www.elmundo.es/yodona/albumes/2009/01/26/dior_couture/index.html ; http://blogs.clarin.com/-quieres-ser-ms-wintour-/tag/peuque/ ;

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EL CALZADO #1: El zapato como nexo entre el hombre, y el arte

Mayo 19th, 2010

Según el diccionario vigente de la Real Academia, la palabra ‘calzado’ resulta ser demasiadas cosas..

calzado, da.

(Del part. de calzar).

1. adj. Se dice de los religiosos que usan zapatos, en contraposición a los descalzos.

2. adj. Dicho de un ave: Cuyos tarsos están cubiertos de plumas hasta el nacimiento de los dedos.

3. adj. Dicho de un cuadrúpedo: Cuyas patas tienen en su parte inferior color distinto del resto de la extremidad.

4. adj. Heráld. Dicho de un escudo: Dividido por dos líneas que parten de los ángulos superiores del jefe y se encuentran en la punta, en contraposición a cortinado.

5. m. Todo género de zapato, borceguí, abarca, alpargata, almadreña, etc., que sirve para cubrir y resguardar el pie.

6. m. Todo cuanto se usa para cubrir y adornar el pie y la pierna, incluidas medias y ligas.

7. m. pl. p. us. Medias y ligas que se pone una persona cuando se viste.

Resulta algo confuso y poco claro.. Aun así, tomaremos como caso de estudio a partir de ahora la definición que se refiere a la palabra como un objeto de calzar, que el ser humano utiliza para recubrir el pie y poder desplazarse sin cualquier tipo de impedimento de un lugar al otro. Ahora bien, el calzado resulta ser algo más que esta simple y concreta definición de diccionario. Como veremos, ha pasado de tomar la postura de un simple complemento de vestir puramente funcional, a ser considerado una obra de arte, de fetichismo, admiración y deseo.

Únicos de concepción y ejecución, los zapatos que levantan el vuelo de la fantasía del diseñador se transforman en sueños hechos realidad en los pies, convirtiendo al zapato en una obra de arte. No es casualidad que Savatore Ferragamo, quien dedicó toda su vida a idear el zapato perfecto, hablara de sí mismo como de un “zapatero de sueños”. “No existen límites para la belleza, no hay punto de saturación en el mundo del diseño”, meditaba en su autobiografía, “no hay un horizonte para los materiales que el zapatero pueda usar para decorar sus creaciones”.

Realizados en cualquier material imaginable, los zapatos únicos se extienden desde los dominios de la excentricidad y la extravagancia hasta el reino del ingenio y lo iconoclasta, haciendo uso de un sinfín de elementos desde perlas y tejidos medievales, hasta césped artificial y sellos de correos, pasando por plumas y escamas de pescado.

Algunos modelos son prodigios de la osadía técnica, un reto de gravedad para dar solución al mayor desafío de un zapatero: un zapato sin formas de soporte visibles, el “tacón sin tacón” o, en el caso de Beth Levine, la zapatilla “topless”.

Quizás los zapatos únicos de mayor renombre sean los diseñados específicamente para el mundo del celuloide. Dichos modelos están concebidos por la necesidad de expresar una personalidad o un carácter, o de crear un personaje de la nada. Seguramente, el par de zapatos más famoso del cine, y tal vez el más famoso del mundo, sean los zapatos brillantes de coro rubí que llevaba en 1939 Judy Garland en El Mago de Oz. Mientras iba dando brincos por el camino de baldosas amarillas hacia nuevas aventuras y nuevos horizontes, la magia de los zapatos era -y todavía sigue siendo- única.

Aunque todos los accesorios agregan algo al estilo personal de cada quien, hay uno que más que cualquier otro ha logrado llegar a lo más profundo del corazón femenino, y tampoco solo femenino, convirtiéndose en el complemento más preciado y en uno de los caprichos más caros: el zapato de tacón. Ya en los años treinta Marilyn Monroe agradecía su existencia gritando al mundo ”no sé quién inventó los zapatos de tacón, pero nosotras le debemos mucho” y hoy es Carrie Bradshaw, la protagonista de Sex and the City, quien nos demuestra que no hay nada mejor que invertir nuestros ahorros en un par de zapatos de tacón alto y de diseñador.

Los responsables de hacer de los zapatos de tacón una obsesión son los conocidos Jimmy Choo, Manolo Blahnik, Salvatore Ferragamo y Christian Louboutin, nombres que, junto con tantos otros, han explotado al máximo su creatividad para crear los zapatos más originales y sofisticados; y más altos también haciendo que el caminar se convierta en un paseo por las alturas lleno de estilo y glamour. Que es cuestión de práctica es verdad, pero también es verdad que hay tacones imposibles de domar. Así lo muestran los cientos de vídeos que podemos ver en “youtube” de modelos que vuelan por las pasarelas mientras intentan desfilar unos hermosos diseños sin morir el intento. Incluso quienes viven del caminar sobre zapatos de tacón a veces no logran, así que eso lo dice todo.

La pregunta entonces es la siguiente: ¿si hay tacones tan difíciles de caminar y tan incómodos de llevar por qué los diseñadores siguen fabricándolos tan altos? La respuesta resume todo lo dicho anteriormente: porque son y quieren seguir creando obras de arte, de culto que cualquiera se muera de deseo por un par de ellos.

Esta apreciación de ‘adoración’ de lo que puede parecer un simple objeto hoy en día, remite bastante al ideal de veneración y conservación de un objeto de antiguamente, donde se privaba su conservación y adoración para casi toda la eternidad. En contrapartida, el zapato hoy en día es fruto también de un mercado consumista y capitalista, donde el afán por comprar y acumular objetos como éstos gana todo el sentido en la vida de las personas. Resulta ser en verdad, una mezcla entre las costumbres y la nostalgia de lo tradicional, con el ansia de inversión y acumulación de los tiempos que corren, que inevitablemente nos llevan a desear un objeto de arte como el zapato, y terminar por comprarlo sin pensarlo demasiado.

Fuentes: Zapatos. un tributo a las sandalias, botas, zapatillas. Linda O’Keeffe, 2005 ; www.maguimz.wordpress.com/2009/04/

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